Esta historia quizás no tenga sentido.  Es una de esas mañanas en las que el tiempo parece no pasar. Todo está quieto y en silencio, y yo me encuentro en el andén esperando. Esperando…  como siempre a esta hora.  Es uno de esos momentos del día dónde estás en tu mundo, sumido en tu burbuja. Esa burbuja que generan los auriculares. No sé porque pero mi alma esta en tono blusero (no les voy a decir exactamente que estoy escuchando, quizás en otro momento).

Y llega el momento de subir al tren. Como en un juego infantil de sillas musicales la gente que me acompañaba en mi espera se desespera por entrar y ocupar un asiento. Extrañamente, a esta altura, no siento que haya perdido en ese juego. Más y más gente va entrando en el vagón, hasta que finalmente quedo en ESA posición (extraña hasta para yoga, pilates, contorsionismo o rituales antiguos). Si, ESA posición. Cualquiera que alguna vez haya viajado en un transporte público en hora pico la conoce. Entre un hombre más alto que vos (siempre el más alto que vos se te pone delante) con el pelo largo, mal atado en un colita y esa colita va a algún punto de tu cara sin que puedas moverte; una o dos mujeres más bajas que uno se ubican en algún costado cosa que su hombro te de justo en la axila o el pecho; y detrás un hombre de frente a tu espalda, y uno siente o una cartera, o un bolso o una mochila (por favor que sea una mochila!!!) o un paraguas (por más que el cielo este despejado y encontrar una nube de tormenta sea tan fácil como encontrar un albino en un acto de Moyano) sobre su cintura.  Cada uno de esos escoltas apretado lo más posible contra uno, no sea cosa de que respire con facilidad.

Como una maldita broma del destino el tren se encuentra en esa etapa de indecisión de todos los días. Es como que le da miedo salir de constitución. Le tendrá mucho aprecio. Las puertas se cierran y se vuelven a abrir a los segundos. Luego se vuelven a cerrar por un tiempo apenas más prolongados y se vuelven a abrir. Esta condenada danza se da por varios minutos y lo único que varia es lo abierta que queda la puerta. A veces cuando se abre lo hace completamente y otras apenas son centímetros. Obviamente, (sino no sería tortura) cada vez que la puerta se va a cerrar la gente se apreta más y más contra uno. Luego, el tren por fin decide moverse. Y lo hace por la mitad de un centímetro para luego clavar los frenos como si hubiera visto un cachorro mojado en las vías. La gente se sacude de lo lindo y (por favor que sea una mochila!!!) se comprimen todavía más.

Por fin el viaje arranca. Son 6 estaciones nada mas, media hora pienso para mis adentros.  A esta altura la burbuja se va disminuyendo y los auriculares ya flaquean en su misión. Primera estación y no suceden grandes cambios. Segunda estación, Avellaneda, y acá viene lo complicado. Ya de por si no entraba ninguna persona más, pero se ve que la gente de la estación no pensaba lo mismo. Ocho personas tratan de meterse en el lugar de media. Y yo sigo rezando porque sea un paraguas. El tipo alto de pelo largo sacude su cabeza y yo intento que el pelo no me barra la cara. Los distintos movimientos se siguen sucediendo y uno trata de acomodarse lo ¿mejor? que puede.  Hasta que, finalmente, se cierran definitivamente las puertas (luego de varios intentos como los de constitución) y el tren avanza de nuevo.  “Cuatro estaciones más” me digo en vos baja, “Solo media hora más” (nunca se sabe exactamente cuánto se puede tardar en estas condiciones).  La mujer que clava su hombro en mis costillas me mira de reojo.

Lanús, el último bastión de esta tortura del transporte público (por lo menos de MI viaje). Los movimientos empiezan desde dentro del vagón y se enfrentan a los que vienen de afuera. Es fascinante e incomodo a la vez (por favor que sea una mochila!!!). Por suerte el hombre alto de la colita se baja en esta estación y puedo respirar algo similar a oxigeno.

Una estación más de por medio (sin inconvenientes o grandes movimientos) y llego. La burbuja lleva rota ya 3 estaciones como mínimo. El malhumor es dominante y estoy seguro que no era una mochila. Pero todo eso cambia cuando te veo. El cartel que dice Banfield suaviza un poco las cosas, pero lo que realmente me hace sonreír es cuando te veo. A vos. Con tus anteojitos rojos (a lo Liz Lemon).  Tan chiquitita, hermosa y todas esas otras cosas que en realidad se piensan pero que nadie dice porque luego lo tildan a uno de cursi, meloso, grasa, pollerudo, sotanudo o algún sinónimo de pollera+udo.  Todo ese viaje por el estomago de la ballena (más de media hora obviamente) para poder sonreír nuevamente. Y lo vale!!!

Dedicado a Lala (OBVIAMENTE) porque me hace feliz…

El pescador al alba

julio 8, 2009

“Necesito un cigarrillo”  – dijo Ezequiel mirando por la ventana hacia el mar. Lo tenía a unos pocos metros y se podía sentir la sal en el aire. Faltaban un par de horas para el amanecer pero ya se podía notar como se iba aclarando el día. El aire salado se filtraba por la ventana y llenaba el pequeño y austero cuarto.

¨Nunca necesite tanto un cigarrillo¨- se repetía a si mismo.

Ezequiel dio media vuelta y enfrentó la oscuridad que lo rodeaba. Solo una tenue luz atravesaba por la ventana. Era la luna oculta detrás de unas débiles nubes. Miró hacia la silueta bajo las sabanas y se acercó despacio a la cabecera de la cama. Ezequiel se quedó quieto unos segundos para comprobar que no se despertara nadie y luego metió su mano izquierda bajo la almohada. Tomó un atado empezado de cigarrillos Lucky Strike y se aseguro que dentro del paquete estuviera el encendedor. Lo prendió una o dos veces y luego, silenciosamente, se acercó a la puerta.

“Saldré unos minutos nada mas. Ya vuelvo¨ – murmuró hacia la habitación en silencio.

La puerta estaba trabada y le dio un poco de trabajo abrirla. Dos o tres veces frenó en sus intentos por miedo a hacer mucho ruido. Cuando finalmente lo logró, salió al pasillo y nuevamente enfrentó la oscuridad. Estaba muy pobremente iluminado y el avanzar por el se hizo muy lento. La escalera no estaba mejor iluminada, aunque el ventanal que la decoraba dejaba entrar la tenue luz de la luna. El barandal ofrecía algunos destellos de luz de luna en las zonas más desgastadas donde se notaba que las personas se apoyaban con más frecuencia. Los escalones estaban resbaladizos y el blanco sobresalía con la poca luz. Se notaba que los habían barrido hace poco. De tanto en tanto, Ezequiel se frenaba para poder escuchar si su lento avanzar había despertado a alguien. Pero la gran casona se mantenía en silencio. Al acercarse a la curva de la escalera se frenó, miró hacia arriba a través del ventanal y dijo: “un buen horario para salir a fumar¨. Inmediatamente se arrepintió de haber roto el silencio que dominaba la casona, pero tuvo suerte: Nada se movía a esa hora.

Una vez que terminó de bajar la escalera y estaba a unos metros de la puerta se puso el chaleco que llevaba en la mano derecha y sigilosamente enfrentó la puerta. Tuvo más trabajo que con la anterior puerta, pero finalmente pudo salir.

El aire frío y salado lo golpeó con fuerza. Probó dos veces más con el encendedor antes de cruzar la puerta y al salir la dejo entreabierta. ¨No sea cosa que me de problemas al volver¨, pensó. Antes de alejarse hacia el mar miró hacia su habitación y le pareció ver una luz. Ezequiel no le dio importancia y siguió su recorrido hacia el mar. Una vez que llegó a la orilla y se mojó la punta de los dedos en las frías aguas de la mañana temprana se prendió el primero de los tres cigarrillos que quedaban en el paquete.¨Esto es lo que necesitaba¨, dijo casi gritando para si mismo y empezó a caminar lentamente hacia la izquierda de la gran casona. Ya no estaba tan oscuro y las formas se empezaban a diferenciar.

A lo lejos Ezequiel divisó una figura sobre la orilla. Pequeña para la distancia a la que se encontraba. Llevaba un buen rato caminando pero la curiosidad pudo más y aceleró el paso. Una vez que estuvo mas cerca pudo darse cuenta de que se trataba de un hombre de ya avanzada edad, metido hasta apenas arriba de las rodillas en el agua y con una caña de pescar, recogiendo la línea.

¨Buenos días¨- gritó Ezequiel. Sorprendido el hombre, volteó primero para la izquierda y al no ver a nadie giró para el otro lado. Al ver a Ezequiel respondió el saludo.

“¿Hay pique?” – preguntó Ezequiel como si supiera de qué estaba hablando.

“Es la mejor hora. Nadie que te moleste y los peces medios dormidos todavía” – contestó el hombre largando una sonora carcajada.

El pescador recogió la linea y lentamente fue saliendo del agua. Al acercarse Ezequiel extendió la mano y se presentó. “Pepe”, contesto el pescador repitiendo el gesto. Fue la primera vez que Ezequiel pudo verle bien el rostro. El día se había iluminado lo suficiente como para que el reflejo del sol diera en las canas de la tupida barba del pescador. Ezequiel tiro la colilla del cigarrillo en la arena e inmediatamente agarró el atado de Lucky Strike del interior de su chaleco y notó que quedaban dos cigarrillos.

“¿Usted fuma?” – preguntó Ezequiel.

“Lamentablemente” – contestó el pescador mientras pasaba por el costado para tomar el balde que se encontraba a unos pocos metros de Ezequiel, quien no había notado que el balde se encontraba allí. El pescador tomó el balde con la misma mano que la caña y empezaron a caminar juntos. Ezequiel le ofreció el ultimo cigarrillo, ya que él se había prendido el otro y al hacerlo notó que en el balde había dos pescados que no pudo identificar. El pescador tomó el cigarrillo con la mano libre, se lo colocó en el poco espacio que ocupaba su boca entre la barba canosa y se inclinó levemente para que Ezequiel lo pudiera prender.

“Esto sí que es bueno” – dijo el pescador dándo la primera pitada. “¿Alguna vez pudo observar el resplandor del amanecer?”, continuó mirando hacia el cielo.

“¿Qué es eso?” – preguntó Ezequiel frenando la marcha.

“Es una de las cosas mas hermosas que existen” – respondió. “Vamos que le muestro”, dijo incitándolo con el brazo a continuar la caminata.

Durante algunos minutos los dos hombres caminaron casi en silencio. Sólo los acompañaba el sonido de las olas y ocasionalmente alguna gaviota que surcaba el aire. Luego de un largo caminar comenzaron a divisar un resplandor por detrás de unos árboles en los medanos cercanos. Ezequiel estaba excitado como un niño pequeño cuando lo llevan a la juguetería.

“¿Que es?” – preguntó casi sin aliento.

“Creo que es obvio” – contestó el pescador luego de darle una larga pitada al cigarrillo.

Ezequiel no pudo aguantarse más y empezó a correr arrastrando del brazo al pescador que casi pierde el balde y la caña con la sacudida. Al dar la vuelta a los árboles se encontraron con un gran incendio. Varias personas en pijamas observando desde una distancia prudencial y otras sentadas en las ambulancias que ya se encontraban en el lugar. Mas alejados se encontraban varios bomberos y dos auto bombas tratando de apagar el fuego.

“¡Ahí esta!” – se escuchó entre la multitud. “¡Fue él!” – retumbó por todos lados.

Tres personas con uniforme se acercaron a toda velocidad hasta Ezequiel. Dos de ellos con macanas en las manos. El más joven fue el primero en llegar y tomó a Ezequiel de las manos.

“Así que te habías ido de paseo” – dijo con bastante ironía. “Pensaste que nadie se iba a dar cuenta”, agregó el tercero en llegar.

“Pero… yo… ¿Qué?” – balbuceo Ezequiel. “Pepe, contales donde estábamos”.

Ezequiel miro a ambos lados y no había nadie más. Los tres guardias volvieron a increparlo. Ezequiel estaba petrificado con dos cigarrillos prendidos en la mano izquierda, que cayeron al suelo ni bien los guardias empezaron a ajustarle el chaleco de fuerza que llevaba puesto.

Mientras los guardias se llevaban a Ezequiel a la ambulancia más cercana se pudo observar como la placa que se encontraba al lado de la puerta caía junto con la puerta. En ella todavía se podía leer “Instituto Neuropsiquiatrico Adelaida Madrid”.

Dedicado a Lala con el estilo inical…

Irene Cara cantando, con toda su alegria, “What A Feeling” (esa maldita cancion de Flashdance) recien luego de 2 minutos logra sacarme de mi estupor. Todo un vagon al fondo del Riachuelo. Es increible el silencio que le sucedio a esa imagen. Solo el muchacho llorando y gritando emite sonido. Y ese maldito reproductor pasando la aguda voz de Irene Cara.

El lugar donde el vagon se hundió parece una olla en ebullición y cada tanto alguna pierna o brazo asoma a la superficie. Por fin se calman las “aguas” y solo una valija surge a la superficie con un tajo en la parte superior. Suzanne Vega empieza a cantar “Luka” cuando un brazo enorme y gris-verdoso entra por donde estaba una ventana y, con su enorme garra, toma al chico que gritaba y se lo lleva para arriba. Por unos pocos segundos se siguen escuchando los gritos del muchacho pero, luego de un estridente sonido de huesos rotos todo es silencio. Con la salvedad de ese reproductor y “Luka”. Cuatro chorros de sangre caen del techo justo al lado mio y el quinto da en mi hombro izquierdo.

Me muevo hacia la punta, justo por donde esa cosa arranco el otro vagon, cuando lo que estaba en el techo cae en frente mio. No lo llego a ver en su totalidad. Solo veo una pared gris-verdosa. Por dios, que olor. Es insoportable el olor que emana. “Take On Me” de A-ha suena a mis espaldas cuando esa cosa grita y con ello tapa todo posible sonido que pueda haber. De repente, esa cosa tira un manotazo que destroza gran parte de la punta del vagon pero llego a agacharme justo a tiempo. Ese manotazo no llega a golpearme pero si al guarda que parece frances. Ese olor. El pobre guarda sale eyectado por donde solia estar una ventana, con la mala suerte (como si ya no tuviera mala suerte) de dar contra la baranda del otro puente. Luego de rebotar contra la baranda de ese puente que hace poco terminaron, y que nadie usa, cae al agua ya sin vida. Levanto la mirada sobre el otro puente, justo cuando Laura Branigan empieza con una cancion que no recuerdo el nombre, y veo a esa otra cosa parada sobre el exacto lugar donde segundos antes habia golpeado el guarda.

Que olor. Llego a darme vuelta para encontrar que esa pared gris-verdosa avanza destrozando lo poco que queda de ese vagon (personas incluidas). El que estaba en el otro puente, luego de un grito aterrador, salta hacia este condenado vagon y cae junto al otro. Justo en ese momento pasa el tren diesel que va hacia la plata con gente colgando de los estribos (como no puede ser de otra manera). Todos y cada uno de los pasajeros que miraban en esta direccion queda petrificados por la imagen y hasta uno que viajaba en el estribo cae a la vias.  Paul McCartney empieza con los primeros acordes de No More Lonely Nights mientras el pobre hombre se para sobre las vias y se prepara para salir corriendo cuando las dos bestias le caen encima. Ni un solo grito pudo emitir y ya solo queda una mancha de sangre sobre las vias.

En ese momento mire a traves del vagon y divise una pequeña oportunidad para escapar. Corri hacia donde el reproductor escupia “Endless Love” con las voces de Diana Ross y Lionel Richie pero no llegue a acercarme a el .  Cuando estaba a  no mas de 4 pasos  una de esas dos cosas cae detras de mi rompiendo gran parte del techo en su entrada. Mala decision. Con el sacudon de su caida el reproductor cambio a “Physical” de Olivia Newton-John como para cargarme. Ese olor de nuevo. Y con un movimiento de su brazo izquierdo, que me da entre la cara y el pecho, me hace atravezar todo lo que resta del vagon y todo el resto es oscuridad.

Cuando me despierta el ardor en mi cara y mi hombro derecho escucho levemente de fondo a uno de los mejores duos de la historia: Queen y David Bowie cantando “Under Pressure”. No puedo moverme mucho y siento algo que quema sobre mi cara y mi brazo derecho. Arde, arde mucho. Se que no estoy mas en el vagon porque siento una de las vias sobre mi espalda y esas piedritas por todos lados. Puedo escuchar muchos mas gritos que antes y dos rugidos imponentes a lo lejos. Que bueno que no estoy mas ahi.

Ese olor de nuevo. Un sacudon cerca mio y ese liquido que quema cae sobre mi frente. Otro sacudon mas y el liquido cae quemando mis tobillos. De lejos ese maldito reproductor se jacta con  “Morning Train (Nine To Five)” de Sheena Easton…

THE END

Dedicado a todos los que lo siguieron, hayan firmado o no… gracias por la espera…

Es dificil de creer todo lo que acaba de ocurrir. Gritos, sangre, vidrios rotos,  ¨Upside Down¨ de Diana Ross sonando ahora y esa criatura, que acaba de caer al Riachuelo. Y otra en el techo de este tren.

Por el momento todo esta calmado. Me acerco hacia la ventana, pero sin asomarme, para ver que es lo que hay ahi abajo. No se llega a ver nada, mas alla de la basura habitual. Los gritos continuan pero es normal. Un joven con tantos aros en la cara como dedos en las manos sale de abajo de un asiento con lagrimas en los ojos y sangre en la pierna  izquierda. Rengeando intenta atravezar hasta la parte sana del vagon pero al quinto paso cae gritando: “Arde, Dios. Como arde”. Sobre la herida de la pierna izquierda ese liquido verde que encontre sobre las aberturas. Ese liquido que ahora gotea por la puerta opuesta a donde estoy.
“Funkytown” de Lipps, Inc. suena desde el maldito compilado y ya no hay nada que me haga creer que esto puede ser real. Estas cosas no pasan, por lo menos en este mundo. “Arde, arde mucho”; se escucha por sobre esa pegadiza cancion ochentosa. Tiene que ser una pesima pelicula de terror, con una muy mala banda de sonido. “Alguien que me ayude”. En cualquier momento me despierto y ya. “Por favor, no aguanto más”, grita el joven desde entre dos asientos. “Don’t Stand So Close to Me” de The Police empieza a sonar cuando el grito de ese joven se hace inentendible y pasa a ser llanto.

Unos eternos minutos en silencio solo cortados por el llanto del muchacho, o algun ocasional grito de dolor. “Private Dancer” de Tina Turner me hace empezar a pensar que el compilado nunca va a terminar. Un guarda entra en el vagon desde la parte sana con un walkie-talkie en la mano. Solo una eternidad tarde. Da una serie de instrucciones a las que nadie le presta atencion. No hay mucho que pueda hacer o que hubiera podido hacer. Al llegar a donde yo me encuentro (en el limite entre la parte sana y la parte destruida) se queda petrificado ante tamaña destruccion. Es una version palida del estereotipo frances. Solo el reproductor, con su perverso compilado, sobrevive intacto pasando el estribillo de  ” She Works Hard For The Money” de Donna Summer. Lentamente levanta el walkie-talkie y pronuncia unas palabras que no llego a escuchar de lo bajo que las dijo. Pero por la palidez y la cara de espanto las puedo llegar a imaginar.

De repente el vagon se vuelve a estremecer y un grito que no augura nada bueno surge desde el techo. “Start Me Up” de The Rolling Stones resuena con toda su ironia desde el reproductor y desde el fondo del riachuelo surge una criatura gris-verdosa que se agarra del vagon siguiente al cual estoy. De un solo movimiento lo arranca de la formacion y se lo lleva consigo al fondo del Riachuelo. Un sueño… que optimista

Dedicado a Garchi y a Naty Misa que cumplieron años…

Totalmente petrificado, mirando hacia la marca al lado de la puerta, sin poder reaccionar, no puedo creer lo que acaba de ocurrir. Esa marca al lado de la puerta asemeja cuatro dedos. Pero cada dedo podria tener el tamaño de mi brazo (si mi brazo tuviera el grosor parecido al de un fisicoculturista rumano). Y 15 cm por sobre la marca de cada dedo hay un agujero del tamaño de mi puño, y me encantaria pensar que no es una uña. Lo que me impide pensar eso es que YO VI ESA UÑA.

Esa uña es la causante de esa chica tirada en el piso. Probablemente muerta. Probablemente… que optimista. Pobre chica, estaba apoyada contra ese costado cuando se estremecio todo el vagon. Ella cayo al piso sin siquiera gritar y yo pude ver por primera vez la marca al lado de la puerta, y esa uña verdinegra. Fueron 2 segundos, pero desde entonces no me pude mover. No es creible que algo asi pase.

Otro sacudón más y salgo del estupor. Esta vez se siente más a la izquierda y con ruido de vidrios rotos, gente gritando y ese maldito compilado de los ochenta que parece no tener fin. Ahora suena “La isla bonita” y en medio de todo el desastre no puedo dejar de pensar si esa cancion pertenece a los ochenta. De repente el sacudón se vuelve más fuerte y cruza de izquierda a derecha lo que pareciera ser el chico que escuchaba cumbia. Me asomo con prudencia hacia la derecha y lo primero que noto es que no se escucha mas la cumbia. En una segunda mirada es obvio que no se escuche la cumbia si falta la cabeza, el hombro y todo el brazo derecho.

Giro y miro hacia la punta desde donde salio el cuerpo. En el piso sigue el grabador con ese maldito compilado. “Sweet Child of Mine”, que buen tema. Lastima que la escena lo arruine. Ni una ventana sana, aberturas de todo tamaño por todo el vagon y sangre, mucha sangre. Aunque en las aberturas no solo hay sangre. Una especie de liquido verde (o ese tipo de amarillo verdoso que si se dice amarillo te dicen verde y si se dice verde te dicen amarillo) bordea cada abertura. Todo eso y el maldito reproductor en el medio de la escena, intacto.

Un sacudón pequeño y las marcas aparecen en el techo. Cada vez que una aparece el vagon se mueve ligeramente. Una señora se acerca hacia donde estoy yo y se para en seco. Se agarra de mi hombro y rompe en llanto. Tiene olor a cafe en el pelo. ¿Como alguien puede tener olor a cafe en el pelo? No puede soportar tremenda imagen y se asoma a la primer abertura a vomitar. Pero apenas asoma la cabeza algo la tira para arriba. Luego de unos terribles segundos de chillidos, sonido de huesos rotos, el vagon bambolearse y ver sangre chorrear por el costado, el cuerpo de esa señora cae en las vias del tren que va en direccion opuesta.

Nuevamente las marcas en el techo aparecen lentamente hacia la derecha pero de repente el tipico sonido de una electrocucion las detiene. Un grito como nada conocido retumbo en cada oido y los pocos vidrios que quedaban sanos, en la otra punta del vagon, estallaron. Algo gris-verdoso cayo por el costado rapidamente y, luego de rebotar en el borde del puente, terminó en el riachuelo.

“Karma Chameleon” esta sonando ahora y estoy totalmente decidido a patear ese reproductor. Pero cuando me muevo hacia el reproductor el vagon se sacude levemente. Por favor que este arrancando el tren. De nuevo el grito y el sonido a electrocucion. Un enorme cable queda colgando del lado derecho del tren. Miro por la ventana hacia el riachuelo y algo asoma desde el “agua”. ¿Son dos?…

Continuara…

Dedicado a Lala y a Miriam que insistieron que continue rapido…

A mi no me lo conto nadie. Ninguna de esos millones de personas que dicen haber presenciado ese momento, por mas de que en el tren no entren mas de unas cientas, me explico que paso. Yo SI estuve ahi y, yo SI lo vivi.
Lo cierto es que nadie sabe bien que es lo que paso. En ese momento estabamos desprevenidos. Pero todo lo que ahi paso lo tengo fresco en la memoria. Asi que  esto es lo que recuerdo.

Era una mañana como cualquier otra (cuantas historias empezaran igual), y me encontraba en el tren en direccion a Constitucion. El tren acababa de salir de la estacion de Avellaneda y se encontraba a medio camino a la estacion de Yrigoyen (para el que no conoce el trayecto es justo en el puente sobre el Riachuelo).

En ese momento me encontraba apoyado sobre la puerta (cosa que no se deberia hacer y menos publicarla) de espaldas, mirando para el interior del tren. Era uno de esos “nuevos” trenes. “Nuevos” porque fueron fabricados en el ´60 o ´70 en Portugal pero aqui llegaron el año pasado. Hay mas espacio para estar parado entre las puertas pero menos asientos (aunqe son mas comodos) y menos puertas. Ahi estaba yo, escuchando “Better” de los Guns N´Roses y mirando al tercer ciego que pasaba como podia entre la gente pidiendo monedas. Mientras el ciego pasaba entre un hombre ya mayor en traje hablando casi a los gritos por su celular, dado que en la otra punta del vagon se encontraba un vendedor de cds con un “enganchados top de los 80″ a todo volumen en su grabador pidiendo disculpas por las molestias, y un joven de 20 años escuchando cumbia en los auriculares de  su mp3, que casualmente se escuchaba por sobre los gritos del hombre en traje y del compilado ochentoso, el tren se freno de golpe y con un sacudon. El pobre ciego termino sobre una señora que hasta el momento dormida y con un hilo de baba que casi le llegaba al hombro. El hombre en traje dejo caer su celular en su afan de sostenerse de algo y desde el piso, en el celular, se escuchaba una voz chillona de mujer que repetia algo sobre una entrega que no fue a tiempo. Y yo termine, luego de casi 3 vueltas, de nuevo contra la puerta mirando directo al Riachuelo donde en una aglomeracion de boltellas vacias habia un espacio, como el que queda luego de tirar una piedra al agua, y una sombra enorme que excedia la del tren.

El sol entraba por la ventanas que dan al este y mientras las personas que terminaron en el piso se iban levantando lentamente y una muy mala cancion de Poison inundaba el ambiente desde el compilado ochentoso (que parecia no tener fin) le daba un aire mas bizarro a la escena, un segundo sacudon tiro mas personas al piso (incluido yo) y unos cuantos vidrios cayeron al Riachuelo. De repente el sol ya no entraba por la ventanas y unos gritos se escucharon por sobre una cancion romantica de Bon Jovi que estaba suplantando a Poison en esta parte del compilado…

Continuara…

Alguien…

julio 13, 2008

Era alguien. Era, porque ahora sólo se sienta frente a la ventana esperando que alguna de esas figuras que pasan frente a ella se transforme en alguna conocida. O familiar.

Pero con pocas esperanzas.

Del colegio, tal vez alguno se acuerde. Pero pasó hace tantos años y tampoco hubo tantos amigos – y con los que quedaron rara vez se produce algún encuentro. Salvo algún llamado para algún cumpleaños, pero año a año se vuelven menos y menos. Y en la facultad, un año (tal vez año y medio) pero nadie de quien acordarse.

Y finalmente en el trabajo, porque ni hablar de la familia.

Tanto tiempo intentando ser independiente que ya ni se acuerda el número de teléfono de sus parientes. El trabajo, movimiento constante y sólo los números a fin de mes; ¿Qué, al fin y al cabo, no es lo que importa?

Más que ser alguien.

.

Este post quedara de esta manera hasta que lo re-edite (lo cual esta pensado en un futuro no tan lejano). A los que no les gusta como ha quedado hasta el momento se les pide paciencia…

Sentado en la silla sin respaldo, solo con su guitarra y ese micrófono que nunca está a la altura justa de entrada. Un sólo haz de luz que lo ilumina a él (y solo a él) y nada más sobre el escenario. El silencio hace más profunda a la oscuridad. No hay nada más que lo sostenga más que su talento y su confianza; lo que lo llevó a estar ahí en un primer lugar. Eso y algún que otro amigo que lo animaba y que ahora repite ¨¿cómo pudo animarse?¨.

Juntando todo el valor que pudo conseguir en esos 17 segundos eternos en el escenario, agarra la guitarra y se dispone a tocar. Sus dedos están congelados, no tienen movimiento. El cerebro ordena pero los dedos no se mueven. ¨Bueno, aunque sea canto para llenar el vacío¨ piensa; pero tampoco. La boca se abre y no logra emitir ni un sólo sonido, quedando solo e indefenso nuevamente.

Sería bueno que haga algo se logra escuchar desde el publico.

Sí, seria bueno que haga algo¨ se repitió arriba del escenario.

Cerró los ojos y empezó a escuchar la música en su cabeza. Se fue olvidando lentamente de dónde estaba y de quiénes (o cuántos) estaban a su alrededor. Poco a poco se fue relajando y sus dedos volvieron a tener movilidad. En un arrebato de valor tomó la guitarra nuevamente y comenzó a tocar. Sus ojos estaban todavía cerrados cuando abrió la boca y la primera frase de su canción salió.

Toda la canción de principio a fin fue perfecta. Cada acorde, cada nota en su lugar. Al terminar respiró aliviado, abrió sus ojos y vio como ya no había nadie a su alrededor. Estaba solo, pero no solo arriba del escenario: el público ya no estaba.

Tomó su guitarra, la silla sin respaldo y bajó del escenario. Con una mirada casi nostálgica miró hacia el escenario mientras guardaba la guitarra en el estuche y acomodaba la silla sin respaldo contra la pared. Cruzó la habitación con sus pies haciendo eco contra el silencio y la oscuridad de la sala. Abrió la puerta, miró para el escenario y salió. Sin aplausos, sin gritos y sin nadie que lo espere del otro lado. Sólo esa voz que acompaña cada uno de sus movimientos. Esa voz que lo llevó arriba del escenario y esa misma voz que acompañaba su partida.

Dedicado a Alitas y su gordo, a Pinky tambien… y a todo aquel que alguna vez hizo algo porque una vocecita en la cabeza le dijo que era lo correcto…

Something Static

abril 29, 2008

Caminando solo, cabeza gacha, mochila en la espalda avanza con su lento andar. Como uno de tantos otros que no presta atención al mundo exterior, se encierra en el mundo de sus auriculares. Lentamente se acerca a la esquina, frena, mira para ambos lados y cruza. Llega a la otra esquina de esa calle oscura que sólo es iluminada por un farol lejano, que no siempre se mantiene prendido mucho tiempo. No da mas de cinco pasos y se frena frente al mutilado poste que señala donde esta la parada del colectivo. Lo examina para intentar adivinar si la línea que él espera para en esa esquina. Al no tener ninguna certeza decide quedarse y esperar. No hay a quien preguntarle qué colectivos paran en esa esquina y lo poco que se puede leer en aquel poste está tapado por calcomanías de bandas desconocidas de géneros mas desconocidos aun, alguna que otra asociación política que a nadie le importa y volantes de cabarets o antros de la zona.

Mirando a su alrededor descubre que sólo la oscuridad de la noche y aquel farol renuente a quedarse prendido lo acompañan. Varios minutos vio pasar parado junto al poste que indica la parada del colectivo donde sólo pasaron taxis, muchos taxis. Por un momento llegó a pensar que la ciudad sólo era habitada por taxis. Luego de un rato de ver pasar negro y amarillo decidió sentarse en el cordón, sumirse en el mundo de sus auriculares y esperar a que el colectivo decidiera aparecer. Varios minutos pasaron hasta que prendió el primer cigarrillo. Luego de tirar el fósforo apagado hacia la calle sintió un roce en la espalda. Rápidamente se dio vuelta pero no había nada. “Es sólo mi imaginación” pensó y con una pitada larga retomó su cigarrillo. Una vez que terminó lo arrojó a través de la calle. De pronto vio a lo lejos, a unas cinco cuadras, lo que parecía ser el colectivo que estaba esperando.

Al intentar pararse vio que el cartel lleno de calcomanías de la parada de colectivo estaba sobre él. Totalmente arqueado sobre él. Se podía leer claramente los nombres de las bandas desconocidas (aunque estaban al revés), de los partidos políticos olvidados y las direcciones de los antros y cabarets baratos. El muchacho trastabilló con el cordón y termino de cayéndose de espaldas. El cartel respondió con un movimiento de rotación para posarse nuevamente sobre el muchacho. Cada vez que intentaba levantarse el cartel ejercía presión contra el piso con un movimiento más propio de un látigo. El muchacho quedó tendido varias veces de espaldas y otras tantas sólo sentado.

Frustrado, el muchacho decidió atacar y al próximo latigazo del cartel se colgó del mismo. Haciendo toda la fuerza posible intentó arrancarle el cartel al poste pero a su vez término envuelto y con el cartel frente a su cara. Dos o tres golpes recibió en la cara y luego se vio revoleado por los aires, pero siempre envuelto aunque sea por los pies. Una vez que el poste lo soltó el muchacho quedo cansado, casi rendido, sentado a sus pies, cara a cara con el cartel nuevamente.

Sintió un leve golpe en la cara, mas a la altura del ojo derecho y escuchó una voz gruesa. “Eh nene, ¿no pensás subir?” Miró rápidamente y un boleto de colectivo hecho un bollo pequeño yacía a su lado en el piso. Levantó la vista y vio el colectivo con la puerta abierta y el conductor, un hombre flaco y en apariencia mas viejo de lo que realmente era, lo miraba fijamente junto con un pasajero que estaba parado al lado de la máquina expendedora de boletos. “¿Y… subís o no?” dijeron ambos casi al unísono. El muchacho volvió la vista al poste que seguía recto, casi desafiante, inmóvil esta vez. Se paro, puso un pie arriba del colectivo y este arrancó. Sintió un leve empujón pero se lo atribuyo al arrancar del colectivo. Pidió un boleto de 1,45 y subió el escalón que faltaba. La puerta se cerró detrás de su mochila, con la estampilla de una banda desconocida y de un cabaret barato.

Ese día fue a la plaza, tranquilo como de costumbre. Se sentó en el banco en frente del arenero donde jugaban los niños pequeños, algunos intentando hacer castillos de arena con vasos de plástico rotos, otros jugando con pequeños autitos de juguete salidos de bolsas de papas fritas. Ahí cerca estaban unos niños mas grandes en las hamacas, en los subí-bajas, el tobogan y el pasamanos. Las madres, sentadas cerca, chuchichiaban el chisme mas reciente que habían escuchado en la panadería o en la peluquería. De cuando en cuando retaban a sus hijos, a los mas pequeños por comer arena o algún insecto o bicho que levantaron del pasto, y a los ya mas grandes por golpearse, correr o simplemente por sus gritos. Esos gritos de felicidad que a los adultos les resulta molestos; quien sabe si es por envidia o porque los distrae de lo que estaban pensando.

Él se sentó en el medio del banco desocupado a disfrutar de ese hermoso día. Como era costumbre saco su paquete de 10 cigarrillos del bolsillo de su camisa a cuadros, el encendedor del bolsillo derecho del jean gastado, eligió uno de los 3 cigarrillos que le quedaban se lo puso en la boca mientras guardaba el paquete y lo prendió. Mientras inhalaba el humo guardo el encendedor, extendió los brazos por el respaldo del banco y tiro la cabeza para atrás. Con los ojos cerrados detrás de sus anteojos oscuros se quedo un buen rato disfrutando del cigarrillo y del día.

Hasta que de pronto el día se oscureció mas de lo que los anteojos de sol lo hacían. Y también él se vio en mas humo del que el cigarrillo despedia. Bajó sus anteojos de sol hasta la nariz y la imagen que tuvo en frente lo dejo petrificado por unos segundos. Cara a cara (invertidas la una de la otra por la posición en la que él se encontraba) tenia a un dragón. Verde, mas alto que el árbol mas grande de la plaza, con unos penetrantes ojos negros con pupilas rojas y despidiendo grandes cantidades de humo por las fosas nasales. De pronto el dragón sonrió y dejo en evidencia una dientes del tamaño del brazo de un fisicoculturista. Sin previo aviso el dragón tiro un golpe con la garra izquierda. Apenas pudo evitar el golpe y ver como la garra del dragón destrozaba el banco blanco.

¨Hace rato que esto no pasaba¨ pensó y agarro la espada que estaba apoyada en el árbol mas cercano. Con la espada en mano corrió de frente al dragón, esquivando un golpe de la cola, utilizo un cantero de ladrillo y salto para pegarle una estocada. El dragón pego un pequeño salto hacia atrás (pequeño para el dragón pero hizo retumbar toda la manzana) y pudo evitar el golpe de la afilada hoja de la espada. Aprovechando la caída el dragón utilizo su larga cola para hacer caer al muchacho. Cayó de espaldas no sin antes cortarle la punta de la cola. El dragón grito del dolor. Con uno de esos gritos que se escuchan en lo mas profundo del alma.
Y fuego salio de su boca. El muchacho logro agarrar el escudo que estaba tirado por ahí cerca y se cubrió a ultimo minuto. Se podía sentir el calor de las llamas aun detrás del escudo. Desde el piso y desde atrás del escudo el muchacho pudo ver como en la plaza los niños seguían jugando tranquilos y las madres seguían con el chusmerio. Pero eso no lo distrajo. Aprovecho la posición en la que estaba y asistió un certero golpe al tobillo izquierdo del dragón. Este grito del dolor nuevamente (lo que hizo que dejara de emitir fuego) y salto. Pero este salto fue mayor al otro y se reubico. Fue a ubicarse encima de la estatua de ese procer del que ya nadie se acuerda.
El muchacho se paró, miro cara a cara al dragón y sonrió. El dragón se enfureció aun mas de lo que ya estaba y agito sus alas. El muchacho sonrió nuevamente con una confianza que daba envidia.
Y de pronto la estatua se rompió, no soporto el peso del enorme dragón y cedió ante este. El dragón cayó de bruces encima de la estatua. Se clavo las patas del caballo, que quedaron partidas, la mitad aun en el monumento y la otra enterradas en el vientre del dragón. El muchacho se acerco caminando al dragón que aullaba descontrolado del dolor, levanto la espada con ambas manos y la enterró en el cráneo del dragón. Y ahí quedo la espada. El dragón no se movió mas.
El muchacho levanto la mirada y observo como todos en la plaza lo miraban fijamente. Los niños habían dejado de jugar, algunos tan bruscamente que aun tenían el autito de plástico en la mano alzada. Las madres se había puesto de pie (solo algunas) y las mujeres que deciden ir a correr a la plaza suspendieron su actividad solo para observarlo.
Pero no porque había matado un dragón.
Porque no había dragón. El monumento del procer que nadie recuerda estaba intacto. El banco blanco estaba todavía vacío pero entero. No había arboles quemados, ni espadas, ni escudos y mucho menos manchas de sangre.
El muchacho entendió enseguida que pasaba. Levanto su paquete de cigarrillos del piso, agarro los anteojos oscuros que habían quedado en el banco y murmurando ¨otra vez¨ para si mismo se dio la vuelta y emprendió el camino de vuelta. Arrastrando la espada en una mano y el escudo en la otra…

* vuelvo a postear esto para que se pueda entender bien el orden —-
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